El Blog de Quiros

Crioterapia: Hielo en el masaje, un aliado eficaz contra el dolor

28 agosto 2017 | Técnicas de Masaje

En este artículo abordaremos todo lo que necesitas saber a cerca de la crioterapia: usos, típos de crioterapia y técnicas, consejos y trucos para sacar el máximo partido a esta técnica en tu cabina de masaje.

Para empezar, debemos entender qué es crioterapia: Es el uso de frío intenso, y en este artículo  hablaremos de todas las variantes a vuestro alcance, con fines terapéuticos.

La utilización de hielo, una herramienta tan accesible y económica como eficaz no solo dentro del tratamiento de los procesos agudos, sino también usándola en nuestra cabina de masaje, en el terreno deportivo o en casa.

¿Por qué recomiendo el uso de hielo? ¿Para qué sirve? ¿Por qué complementarlo con el masaje?

Bien, empecemos por el principio. Como sabéis, los efectos directos de la aplicación de frío son, en primer lugar, un efecto en el sistema circulatorio:

En un primer momento, el hielo aplicado de forma local producirá una vasoconstricción, por lo que aplicado inmediatamente sobre la superficie lesionada (durante los 10-15 minutos posteriores a la lesión, aunque lo ideal sería aplicar inmediatamente hielo), reducirá sensiblemente la inflamación, que se produce a consecuencia del sangrado interno y proceso inflamatorio posterior de reparación de tejidos como consecuencia y respuesta al proceso lesivo. En un mundo ideal, esto debería hacerse in situ, en el mismo lugar y en el mismo momento en el que se produce la posible lesión (golpes, torceduras,…), o en su defecto, lo antes posible.

 

La aplicación de hielo a medio plazo tiene también un efecto interesante, puesto que tendrá un efecto antiinflamatorio, y algo muy a tener en cuenta en nuestros tratamientos: el eficiente efecto analgésico, ya que reduce la conductividad nerviosa, en cualquier tipo de dolor, y por lo tanto aplicable en cualquier caso se que nos pueda presentar en nuestro día a día. La reducción de los impulsos nerviosos, trae consigo un efecto neuromotor, reduciendo sensiblemente la percepción del dolor y mejorando, en consecuencia, el estado general del paciente.

 

En el caso de esguinces o contusiones, la inflamación que se produce en consecuencia, hace que aumente la presión en los tejidos debido a la rotura de vasos sanguíneos,  lo que causa una disminución del riego sanguíneo, que provoca que las células sanas adyacentes se vean afectadas (muerte isquémica secundaria), haciendo que la lesión se prolongue o empeore las horas siguientes a la lesión. Con el hielo conseguimos reducir este efecto, lo que hará que la muerte isquémica secundaria se vea sensiblemente reducida, haciendo que el tiempo de recuperación se vea muy reducido, por lo que en el proceso de recuperación se convierte en una herramienta muy potente y básica en nuestro trabajo.

 

Crioterapia con hielo: tipos, usos y protocolo de aplicación:

 

 

Aplicación directa de hielo:

Esta es, como mis alumnos saben, mi forma favorita de aplicación de crioterapia. Para aplicarlo, cogeremos un cubito de hielo directamente con un trapito o una tela, o bien con unos guantes para evitar quemarnos nosotros, y lo aplicaremos en círculos o líneas, moviéndolo sobre la zona de dolor, pintando la superficie con una presión superficial, baja o media baja, realizando con él un masaje y evitando quemar al cliente al tener el hielo en movimiento. El masaje puede durar entre 5 y 15 minutos, y es ideal para pequeñas zonas de dolor o torceduras.

 

 

Aplicación de bolsas de hielo

Bolsa de hielo: Para superficies más grandes, es perfecto. Supongamos una superficie más grande, un hombro o una rodilla, un muslo, etc. Si queremos enfriar toda la articulación, toda la zona, y conseguir un enfriamiento profundo de los tejidos, un solo hielo no será suficiente, una bolsa grande será ideal. Es importante que la bolsa se ciña a la superficie de contacto, se adapte a la forma de la zona del cuerpo que queremos enfriar, por lo que os daré un pequeño truco que personalmente, uso con frecuencia y podéis tener preparado en el congelador en distintos tamaños, listo para usar en cualquier momento:

 

El alcohol se congela a -110 grados, y el agua a 0 grados. Así pues, si en una bolsa, ponemos dos partes de agua y una de alcohol, y lo dejamos en el congelador, conseguiremos una especie de bolsa de criogel (como las famosas bolsas azules de gel que se venden para este propósito), puesto que el hielo actúa impidiendo que el agua forme un bloque al congelarse, así que nos quedará una masa fría fácilmente deformable, como una especie de gel o hielo picado muy fino, que funcionará perfectamente para nuestros propósitos. En su defecto, una bolsa de menestra o de guisantes congelada, también podría servirnos, aunque el contacto con la piel no es tan bueno, pero si no tenemos lista nuestra bolsa de agua y alcohol, podemos usarlo, y es un material barato y accesible, además de reutilizable.

 

Podemos aplicar la bolsa sobre un paño húmedo durante entre 15 y 30 minutos. Si tapamos el saco con papel film, por ejemplo, evitaremos que el frío se escape tan rápido.

 

 

 

baños con aguahielo (cubo, bol o palangana)

El baño con agua-hielo es muy eficaz ya que se recibe el frío de manera global, envolviendo por completo la zona afectada, aunque tiene una aplicación más restringida, ya que usar un bol o barreño con agua y mucho hielo implica que debemos sumergirnos en ella, lo que se ve restringido generalmente a manos, codos y pies o tobillos. Podemos sumergir nuestro pie entre 5 y diez minutos, siempre con cuidado, pues al sumergirnos en agua-hielo, tendremos una primera sensación dolorosa, como de agujitas que se nos clavan, que se reduce pasados unos minutos.

sprays de frío:

Son muy fáciles de llevar y se aplican como un aerosol (ambientadores, desodorantes, botes de pintura) sobre la piel. En la comodidad está su gran ventaja, pero no podemos hacer aplicaciones de 5-10 minutos lógicamente, porque quemaríamos la piel, por lo que se limita a un enfriamiento superficial, y no un enfriamiento profundo y global, por lo que en este sentido, me parece la alternativa menos interesante.

 

 

Inmersión en bañera con agua-hielo

Este método me gusta porque es un procedimiento global, que trabaja sobre todo el cuerpo, y por lo tanto es ideal para tratar posibles microlesiones después de una actividad física muy intensa, ya sea deportiva o no. Por ejemplo, para tratar posibles microlesiones tras una competición de running o un triatlón, o bien si nos hemos dado una paliza en una mudanza o en nuestro trabajo, realizando esfuerzos físicos continuados.

 

La parte “negativa” es que, para aplicar este método, necesitamos una bañera, claro, además de que el proceso puede ser desagradable para el cliente, puesto que dependemos de su adaptación y tolerancia a la inmersión en agua helada.

 

Por norma, seguiremos este protocolo de actuación: llenaremos una bañera con agua fría y el suficiente hielo como para conseguir que el agua esté alrededor de los 10 o 12 grados, nos sumergiremos en la bañera un minuto, saldremos y descansaremos un par de minutos y entraremos un minuto más, para salir y descansar de nuevo. Tras el segundo descanso de dos minutos, nos sumergiremos en la bañera una tercera y última vez, durante entre 5 y 10 minutos. Los beneficios son múltiples y ya descritos más arriba, pero el cliente debe de concienciarse para dar el paso y sumergirse, ya que puede resultar muy molesto.

 

En este artículo, os estoy dando las claves, procedimiento y tiempos óptimos en general, pero está claro que dependeremos de la tolerancia del cliente, que será en última instancia lo que marcará los tiempos de aplicación. En este caso, mi consejo personal es que apliquéis el hielo de forma intermitente, es decir, dejando descansar al cliente un minuto cuando le empiece a resultar desagradable, para continuar después con la aplicación del hielo. En los descansos del hielo, me inclinaría por hacer movilizaciones, para después volver “al ataque” con la crioterapia.

 

Cuidado con las quemaduras por congelación, y contraindicado, sobre todo ante el enfriamiento de grandes superficies y en concreto en inmersión en bañera, en clientes con riesgo cardiovascular.

 

 

Nacho García.