El Blog de Quiros

La Moxibustión

28 agosto 2017 | Técnicas de Masaje

Esta técnica se basa en el uso de las moxas, para entendernos, una especie de puros hechos varias hierbas, fundamentalmente artemisa, que se encienden y se aplican sobre la piel del cliente, a cierta distancia para no quemarlo.

Mediante el calor que desprende la moxa estemos generando un efecto de hipertermia: el calor extremo penetra en el tejido, actuando profundamente en el tejido y permitiéndonos tratar afecciones como la tendinitis, la tendinosis y las contracturas.Igualmente, también lo podemos utilizar para tratar puntos gatillo.

Otro aspecto en el cual se utilizan mucho las moxas es en el tratamiento de puntos de acupuntura, ya sea directamente con la moxa o bien acoplándola a una aguja de acupuntura.

La ventaja de utilizar moxas es que el calor que estamos creando está muy concentrado, de manera que todo el calor va exactamente a donde nosotros queremos.

En resumen, es un método efectivo y económico para aplicar hipertermia en cualquier lugar del cuerpo.

En el mercado podemos encontrar diferentes tipos de moxas, aunque esencialmente las dividiremos en 2 grupos: con humo y sin humo. Estas moxas se presentan en diferentes tamaños y anchuras.

Las moxas con humo son las moxas clásicas, pero, como su nombre indica, tienen el inconveniente de que generan mucho humo, con lo cual, si nuestra cabina de masaje es pequeña o no tiene una ventana para poder airear la habitación, estaremos creando un ambiente muy cargado que será difícil de eliminar.

Las moxas sin humo también generan humo, pero muchísimo menos, ya que son moxas “concentradas”, de manera que el poco espacio que existe entre sus componentes nos asegura una falta de oxígeno que impide la generación de humo.

En ambos casos tenemos un problema, y es el de la generación de cenizas que, si caen en la piel de nuestro cliente, le generarán una quemadura. Para evitar este inconveniente, podemos utilizar los aplicadores de moxa, que son unos artilugios de metal dentro de los cuales introduciremos la moxa (en este caso moxas más estrechas). En la cabeza del aplicador se quedará la parte encendida, y a través de unas pequeñas rejillas saldrá el calor. Estas rejillas impiden que caiga la ceniza, de manera que no hay peligro de que quememos a nuestros clientes. La desventaja de este método es que estamos dispersando un poco el calor de la moxa, además de que necesitaremos un buen rato para que la moxa caliente el metal del aplicador.

Otra manera de utilizar las moxas es mediante unos aplicadores en los cuales podemos insertar una o varias moxas. Estos aplicadores son una especie de discos que colocamos y sujetamos sobre el cliente. Dejamos las moxas encendidas en el aplicador, y así el calor va penetrando en la zona que deseemos. Como las moxas encendidas apuntan hacia fuera, el calor no es tan intenso, aunque poco a poco, conforme se vaya consumiendo la moxa, el calor irá siendo más y más intenso.

Una manera aún más económica de utilizar las moxas es con las hierbas puras, sin empaquetarlas en un puro, que se suele encontrar con el nombre de “moxa el polvo”. Algunos profesionales aplican pequeñísimas cantidades de moxa directamente sobre la piel,  aunque a nosotros nos parece un tanto arriesgado, y preferimos utilizar otro tipo de aplicadores, que disponen de una pequeña urna donde pondremos la moxa en polvo, y un asa para que podamos manipularla.

Otros utensilios asociados son las cajas de moxa para conservarlas (igual que hay cajas de puros para que conserven sus propiedades), aplicadores para moxas grandes que podemos colocar sobre articulaciones como las rodillas.

Si tenéis alguna duda en cómo utilizar las moxas, no dudéis en consultarnos!!