Tapar a nuestros clientes con toallas cuando están en la camilla es un gesto fundamental y no negociable en nuestra profesión. Es un pilar básico del profesionalidad por varias razones imprescindibles.
La primera es que debemos proteger su intimidad y su ropa. La toalla actúa como una barrera que impedirá que las cremas, aceites o cualquier producto que apliquemos manche sus prendas y, por supuesto, tapa partes de su cuerpo y eso les hace sentirse más protegidos, como si la toalla fuera una coraza que les protege de todo mal (es el mismo principipo por el que, cuando éramos niños, pensábamos que una manta, y no dejar ni una sola parte de nuestro cuerpo destapada, nos libraba de todos los monstruos que podían atacarnos durante la noche).
Otro motivo es el frío. Aunque sea verano, la temperatura corporal de los clientes baja cuando están relajados en nuestra camilla. Taparles, más o menos dependiendo de la temperatura de la cabina y de sus preferencias (hay gente más friolera y gente más calurosa), es esencial para su confort.
Finalmente, es una demostración de cuidado. Taparles es hacer que estén más cómodos y, al hacerlo, les estamos demostrando activamente que nos preocupa su bienestar y que están en un entorno seguro y profesional.
El Problema: Cuando la Toalla se Convierte en un Obstáculo
A pesar de su importancia, en ocasiones las toallas nos molestan. Esto ocurre normalmente por dos motivos:
- Las hemos colocado más allá de donde deberían estar y necesitamos tratar zonas que han quedado cubiertas.
- Aunque no queramos tratar esas zonas, el borde de la toalla molesta al aplicar las técnicas en las zonas cercanas que sí están destapadas.
El primer caso se soluciona rápido: simplemente modificando la posición de la toalla de forma profesional y segura.
Pero el segundo caso es donde reside el peligro, la situación que puede llevar a equívocos e incomodar profundamente a nuestros clientes. Si no lo gestionamos correctamente, pueden pensar que nos estamos sobrepasando o, en los casos más extremos, que estamos intentando agredirles sexualmente.
El Error Crítico: NUNCA Metas los Dedos Bajo la Toalla
El error que cometen muchos, y muchas, masajistas, es meter los dedos bajo la toalla pensando que es un detalle sin importancia, que el cliente no lo notará o que, si lo nota, no le importará.
Este es un error muy importante que no debemos cometer bajo ningún concepto.
Cuando nuestra mano se acerca al borde de la toalla y sentimos la necesidad de que la punta de nuestros dedos sobrepase ese límite para completar una maniobra, la solución es clara y tajante: nunca debemos hacerlo por debajo de ella, sino siempre por encima.
Meter la punta de los dedos bajo el tejido es lo que puede incomodar y llevar a equívocos a nuestros clientes, así que debemos evitarlo a toda costa. El contacto de tus dedos directamente sobre su piel, en una zona que ellos consideran cubierta y protegida, rompe la barrera de confianza de forma inmediata.
La Técnica Correcta: Practica para un Gesto Impecable
La solución es sencilla: tu mano, al llegar al borde de la toalla, debe pasar por encima de ella para continuar el movimiento o finalizarlo. Tus dedos se deslizan sobre el tejido, no por debajo.
En el vídeo que acompaña a este artículo, puedes ver en detalle cómo coloco la toalla en varias posiciones del cuerpo y cómo evito sistemáticamente meter los dedos bajo ella.
Es muy importante que practiques este gesto para interiorizarlo y no cometer este error con tus clientes. Asegúrate de que se convierta en un acto reflejo para que, a la hora de la verdad, cuando tienes a clientes en tu cabina, tu profesionalidad sea incuestionable.
Aquí tienes el vídeo con todas las indicaciones para que no cometas este error imperdonable en una cabina de masaje:






